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viernes, 9 de junio de 2017

Chile vuelve a Moscú 43 años después del 'Partido Fantasma'


Cuarenta y tres años después de uno de los partidos más escandalosos de la historia del fútbol, la selección chilena está de regreso en Moscú para medirse a Rusia en un encuentro amistoso que, más allá del paso del tiempo y el cambio de protagonistas, guarda un recuerdo sombrío.

El duelo del viernes servirá a ambos equipos como preparación para la Copa Confederaciones. Sin embargo, las estadísticas del fútbol dirán también que será el primer choque entre Chile y Rusia desde el 'Partido Fantasma' de Santiago que clasificó a los sudamericanos al Mundial de Alemania 1974 a costa de la entonces Unión Soviética (URSS).

La serie de repesca que jugaron ambas selecciones en 1973 es considerada una de las páginas más oscuras del fútbol. La URSS no viajó entonces a Santiago de Chile por cuestiones políticas y el partido de vuelta jamás se disputó. O al menos no con los dos equipos en cancha. Los tiempos cambiaron después de aquel episodio, pero Chile nunca volvió a cruzarse con la desintegrada URSS, ni tampoco con Rusia. El último antecedente se remonta a Moscú, donde se jugó el partido de ida de la repesca para el Mundial de 1974, preludio del escándalo.

El duelo se disputó el 26 de septiembre de 1973, dos semanas después del golpe militar que derribó al presidente socialista Salvador Allende, y concluyó sin goles. La tensión ya se sentía en el ambiente.

"Al llegar al aeropuerto en Moscú no nos dejaban entrar al país. Tampoco a mi compañero Elías Figueroa", recuerda en diálogo con dpa uno de los protagonistas de aquel acontecimiento, el ex goleador chileno Carlos Caszely.

A Figueroa, un destacado defensa central al que muchos comparaban por su calidad con el alemán Franz Beckenbauer, se le impedía el ingreso porque en la foto del pasaporte aparecía con el cabello corto pero entonces lo llevaba largo. Y a Caszely porque iba sin bigotes. La intervención de dirigentes chilenos solucionó el problema.

"Rescatamos un empate que era muy bueno para encarar el partido de vuelta" previsto para el 21 de noviembre de 1973, rememora Caszely, un reconocido opositor a la dictadura, cuya madre estuvo detenida y sometida a apremios tras el golpe castrense, según revelaría el futbolista años más tarde.

Sin embargo, y debido a los acontecimientos que se sucedían en el país sudamericano, el combinado soviético no se apareció para el cotejo de vuelta en el estadio Nacional de Santiago de Chile, un emblemático escenario deportivo que fue usado por la dictadura como campo de concentración para encerrar y someter a torturas a partidarios del Gobierno depuesto.

A pesar de aquellos sucesos, la FIFA, presidida entonces por el británico Sir Stanley Rous, ordenó que la 'Roja', aún sin el rival al frente, debía presentarse a jugar en el estadio, que había sido desocupado poco antes por los militares para dar al mundo y al ente rector del fútbol una señal de normalidad, mientras los presos políticos eran reubicados en otros centros de detención abiertos por la dictadura.

Un gol ante nadie
Para cumplir con la exigencia de la FIFA, los once jugadores chilenos salieron al campo de juego vestidos con su indumentaria deportiva. Se pararon en el centro del campo, el juez pitó para dar inicio al 'Partido Fantasma', y cuatro de los futbolistas de la 'Roja' avanzaron hasta al arco rival, donde el capitán del cuadro, el delantero Francisco Valdés, anotó en una portería vacía el tanto que le dio la clasificación a Alemania 1974.

"Fue lo más grotesco que he vivido futbolísticamente. Era el teatro del absurdo", evoca Caszely, uno de los más populares del once chileno. Su fama se fue agrandando tras conocerse que él fue el único que no se despidió del dictador en la tradicional visita que realizan la selecciones a los presidentes antes de marcharse a un evento importante.

"Habíamos hecho un semicírculo y Pinochet pasó saludando de mano a cada uno de nosotros. Yo las tenía atrás y las dejé ahí. No me moví", recuerda a dpa el futbolista, que admitió haber sentido miedo. "Lo hice porque creí haber estado representando a la mayoría de mis compatriotas que rechazaban las dictaduras", justificó.

(FUENTE: marca.com)

domingo, 3 de junio de 2012

Se cumplen 50 años de la "Batalla de Santiago"


Partamos por reconocer el contexto. No fue el chileno, el del '62, un mundial caracterizado por el fair play. De hecho, tras los primeros dos días de juego el parte médico, o más bien de guerra, fue escabroso: 24 bajas.

La Unión Soviética y Yugoslavia tenían asuntos pendientes por las diferencias entre Stalin y Tito. Y además venían de jugar la final de la Eurocopa, en 1960 en París, con triunfo por 2 a 1 para la URSS. Había tensión, rivalidad, conflicto político. Y les tocó el mismo grupo en primera ronda e incluso abrir los juegos en la sede de Arica. Puñetazos, patadas, cabezas rotas, grescas, fracturas (el ruso Dubinsky no volvería nunca más a jugar al fútbol) fue el resultado en el terreno. En lo números volvió a la ganar la URSS: 2 a 0.

A la misma hora del mismo día, en Santiago, Alemania e Italia protagonizaban otra batalla campal. "Desde el comienzo el partido de constituyó en una riña franca", señaló el diario El Mercurio.

Cuatro italianos y cuatro alemanes lesionados de consideración fue el resultado del juego, al punto de que el técnico germano Sepp Herberger declaró: "Éste ha sido el partido más duro en la historia del fútbol alemán". Empate en lesionados y también en el marcador: 0 a 0.

Checoslovaquia y España, en Viña del Mar, no lo hicieron mal. El español Rivella terminó con el pie enyesado y su compañero Reija con rotura de menisco. El golero checo Scroif recibió tal patada en la cabeza que quedó inconsciente y el partido debe suspenderse por cinco minutos.

Argentinos y búlgaros también se agredieron en Rancagua. Cinco albicelestes terminan el juego lesionados y dos búlgaros quedan afuera del resto del torneo víctima de graves lesiones. Pero, al igual que en los otros cotejos y aunque resulte increíble, no hubo expulsados: los arbitrajes, con una tolerancia inadmisible, contribuyeron a la extensión de los malos procedimientos.

La prensa extranjera apostada en el país registró lo evidente en sus titulares: "Ensalada de golpes salvajes", "Extraordinaria violencia", "Desagradables batallas campales".

Brutalidad

Fue tal la desazón, que el viernes 1º de junio, la FIFA se reunió de urgencia para tratar el problema de la brutalidad y los malos arbitrajes en el torneo.

Decía El Mercurio: "La competencia se ha disputado de manera anormal, en cada partido ha habido varios lesionados, algunos de ellos muy graves en atención a que, virtualmente, el aspecto deportivo ha sido dejado de lado limitándose todo a una lucha despiadada".

En ese ambiente, el sábado 2 de junio de 1962, Chile e Italia se enfrentaron en el estadio Nacional en uno de los partidos más famosos y vergonzosos de la historia. Conocido, de hecho, como "La batalla de Santiago".

Si el escenario deportivo ya era violento, el social lo era todavía más.

En los días previos a la Copa del Mundo, el diario La Nazione, de Florencia, envió a Chile al reportero Corrado Pizzinelli, un trotamundos que luego cubriría, entre otras cosas, la guerra de Vietnam. Junto con él, llegaba al país Antonio Ghirelli, corresponsal del diario milanés El Corriere Della Sera. Ambos hicieron su trabajo: contar cómo se vivía en Chile en esos años.

Y se vivía mal, obviamente. El subdesarrollo de Sudamérica y las enormes diferencias sociales que aún existen quedaron refrendadas en estupendas crónicas costumbristas que hablaban de poblaciones miserables, de miseria extrema, de problemas cotidianos que afectaban a los turistas, de prostitución.

"Chile es un símbolo triste de las diferencias humanas y de una vida afectada por todos los males", dijo, entre otras cosas, Pizzinelli.

Reacción nacionalista

Sus artículos fueron enviados a Santiago por la embajada chilena en Roma, el gobierno los traspasó a los medios locales, y desde ahí en adelante una bola de nieve alimentada por el viejo "error de desdeñar la verdad cruda y aceptar sólo el halago adulador", en palabras de Joaquín Edwards Bello, generó una apocalíptica reacción nacionalista y patriotera que tenía un solo fin: "Poner a los italianos en su sitio". Campañas de radio y prensa llamando a "responder el insulto y el agravio extranjero" hicieron que el partido se jugará encima de un polvorín.

La delegación italiana intentó palabras de buena crianza en las conferencias de prensa previas, depositó flores en las tumbas de los héroes chilenos, salió a la cancha con flores en sus manos, pero recibió de vuelta sólo desprecio.

Literalmente: los ramos de flores entregados al público el día del partido fueron devueltos a los jugadores entre esputos, monedas y frutas de la estación.

Ya en la cancha, el resumen del partido es simple: arbitraje muy favorable al local, golpes, puñetazos y patadas desde el primer instante, interrupciones permanentes (de los primeros 20 minutos apenas hubo cuatro de juego efectivo), dos italianos expulsados (y ningún chileno pese a que pegaron tanto o más), carabineros en la cancha, patadas a la altura del hombro, y triunfo final para los rojos por 2 a 0, ambos goles en el segundo tiempo cuando el rival jugaba con ocho.

El arbitro fue el inglés Kenneth George Aston, exoficial de la Indian Army y quien luego sería jefe del Comité de Arbitros de la FIFA e inventor -según él influido por el partido en cuestión- del sistema de las tarjetas amarilla y roja, que empezaron a usarse en el Mundial del '70. Hasta el día de hoy es acusado de beneficiar a Chile para asegurar el éxito económico del torneo debido a que los estadios sólo se llenaron cuando jugó el local.

Extrañamente, Aston también había dirigido el partido anterior de Chile, ante Suiza, con triunfo de los locales por 3 a 1.

Para la prensa italiana (y la mayoría de la neutral) fue el robo más descarado de la historia de los mundiales. Para la prensa chilena una hazaña sin parangón y el justo pago para los italianos "fascistas, mafiosos, maníacos sexuales y drogadictos", como dijo en los días previos Las Últimas Noticias.

Cuando semanas después la cinta del partido fue exhibida por la BBC, el presentador David Coleman sólo señaló: "Buenas noches, el juego que usted está a punto de ver es, posiblemente, la más estúpida, horrible, repugnante y vergonzosa exhibición de fútbol de la historia".

Han pasado 50 años. Pero el partido no se olvida. Haga el ejercicio: ingrese "La batalla de Santiago" en internet y verá que no es política ni temas sociales lo que aparece. Es fútbol. El famoso partido entre Chile e Italia.

(*) Felipe Bianchi (nacido en Santiago el 27 de mayo de 1965) es periodista chileno-italiano, premio nacional de periodismo deportivo, coleccionista de libros y objetos del mundial de 1962, vive en Chile y trabaja como comentarista deportivo en el diario El Mercurio, Chilevisión y la radio Cooperativa. Ha cubierto cinco mundiales y tres Juegos Olímpicos. Para este artículo recogió material del diario El Mercurio y del libro "1962, El mito del mundial chileno", del periodista Daniel Matamala.

(FUENTE: bbc.co.uk)

domingo, 9 de agosto de 2009

¿Sabías que?, en la URSS



¿Sabías que, durante la década de los '80s, la Copa Soviética llegó a ser disputa por alrededor de 18.000 equipos en cada una de sus ediciones?; esto la convirtió en la competencia futbolística con más participantes en todo el mundo.

domingo, 11 de enero de 2009

Anécdotas de la Eurocopa: España 1964



La participación de la extinta URSS a la Eurocopa del '64, estuvo cargada de todo un anecdotario por cuestiones políticas:

- Debido a que desde 1939 España estaba bajo el gobierno de Franco, los símbolos comunistas habían sido proscritos, los organizadores se vieron en la necesidad de confeccionar una bandera soviética a toda prisa, ya que se dieron con la sorpresa de que no había una sola en todo el territorio español (y ni locos hubiesen pedido una a la delegación soviética: cuestiones de orgullo)

- Igualmente, también se hallaron con el hecho de que tampoco contaban con una partitura del himno de la URSS. Afortunadamente, encontraron a un músico -sólo uno-, que conservaba dicha partitura. Este melómano se vió así en la necesidad de realizar a mano las 50 copias necesarias para ser entonado durante la competición.

- El gobierno español de aquel entonces hubiese preferido que la participación de tan incómodos competidores hubiese sido corta, pero la URSS llegó hasta la final y precisamente contra España; pero para complacencia del mismísimo Franco, que vió la final desde el palco de honor, los locales se impusieron por 2 a 1. Otro hecho anecdótico se dió en que la final se jugó en el Santiago Bernabeu: lo curioso era que en las eliminatorias de 1960, se debieron enfrentar soviéticos y españoles en el mismo estadio, pero el match se vió empañado en aquel entonces (¿lo adivinan?), por irreconciliables diferencias políticas entre ambos gobiernos.
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