domingo, 2 de mayo de 2010

El “arco embrujado” de la cancha de Racing


Desde los últimos años de la década del ’70, se cuenta una leyenda que un grupo de hinchas de Independiente se organizó e ingresó de improviso una noche al estadio vecino al suyo, el de su clásico rival, Racing Club.

Esto sucedía en Avellaneda, localidad de la provincia de Buenos Aires, en Argentina. Esa noche, se cuenta, estos simpatizantes enterraron siete gatos detrás del arco que da a la tribuna general local y, desde aquella vez, el mismo estuvo engualichado. Y no sólo para Racing.

El tema mítico resurgió tras el gol que sufrió en 2008 el arquero blanquiceleste, Pablo Migliore. En una jugada que carecía de peligro, al intentar sacar con su pie desde el arco, resbaló, la volea le salió mal, y la pelota pegó en la cabeza de Esteban Fuertes, delantero rival, metiéndose en el arco.




Justamente Migliore había sufrido en el mismo arco un gol defendiendo los colores de Boca ante el equipo brasilero Fluminense, por la Copa Libertadores, que para muchos condenó en parte la clasificación Xeneize a la final de certamen.

En ese mismo arco se dieron muchas otras situaciones más que extrañas. Allí, Carlos Bossio convirtió un gol ante Racing de cabeza jugando para Estudiantes, siendo arquero, y el equipo de avellaneda sufrió también una eliminación por penales en la Copa Libertadores de 2003 sin haber perdido siquiera un partido en el torneo y con ejecuciones que se debieron realizar más de una vez.

A su vez, los simpatizantes de Independiente también se vieron afectados por lo que ellos generaron, de ser cierta la historia. En la Supercopa de 1992 se enfrentaron ambos equipos y el pleito se definió con un claro gol con la mano del “turco” García, dándole el triunfo a Racing.



También, en 2007, Martin Palermo le convirtió al rojo, que jugaba de local, su primer gol en esa cancha desde mitad de campo, en el tiempo adicional del encuentro.

Historias quedan muchas más, incluyendo varias del club local y de otros, como Almirante Brown, que jugando una final del fútbol de ascenso ante Estudiantes de Buenos Aires, y con un penal a favor, sufrió la violencia de sus propios hinchas y el descuento de 18 puntos en la temporada siguiente.

La fuerza del mito es tal que el propio Alfio “el coco” Basile, ex DT de la academia, mandó a desenterrar, por pedido de algunos jugadores y su propia superstición, a supuestos “sapos” como le habían dicho a él que había enterrados, pero sin éxito.

Con Daniel Lalín en la presidencia del club, se encontraron restos de un felino enterrados, con lo que se piensa que la historia es cierta y aún quedan el resto.

La historia es tan increíble que tres años atrás un canal televisivo de Alemania viajó exclusivamente a la Argentina para realizar un documental en el cilindro sobre el mito de este gualicho.

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